jueves, 10 de diciembre de 2015

Carrera tradicional de Aranjuez.

Nos repetimos más que la sal de ajo, lo sabemos. Pero es que somos muy cíclicos, eso sí, nunca es igual.

A los peques les gusta recordar lo mismo, si no lo vuelves a hacer se acaba el recuerdo genial, tenemos memoria pez. Jajaja.

Tan sólo necesitas un dorsal, creernos ganadores y querer estar todos juntos; la bolsa y camiseta te la dan por participar.



Ya os hemos contado dónde comemos, cómo ganamos y entramos los primeros con el carrito bebé y un sinfín de cosas.

Esta vez, tenía que correr sólo en un circuito cerrado, pero casi todos iban con progenitores, allí se lanzó, pero con la lengua fuera


Esta vez, no llegamos los últimos, el año anterior sí jajajjajaa. Pero él decía que ganó, porque al pasar por la meta todos le decían, ¡vengaaaa campeón!


Nuestra autoestima está muy alta, sale a Madre (por suerte).



Tan contento porque va logrando cosas. Como diría mi padre: Evoluciona favorablemente.



Este año tampoco participo, pero la mi cuñá sí, es una campeona (te odio y admiro a partes iguales, no pienso reconocer que lo he dicho).


Hoy os contamos qué hacemos entre la carrera de mayores y comer, después paseamos por el otro lado de los jardines, jugamos, nos tomamos frutita de merienda y para casa a darnos un baño calentito.




Dar de comer a los patos.


Aprender a cuidar a los pequeños.


Poner al padre de criaturas de los nervios, con las manos en el agua.


Jugar al escondite.


Sin más, planes geniales.

Besos,
Luna.

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